El día que Wilko Johnson volvió hacer vibrar Barcelona

Wilko Johnson y su banda tocaron el miércoles 27 de enero en el Teatre Apolo de Barcelona. Un concierto al que debías ir porque es Wilko Johnson, está en el tiempo extra y así podrás decir que has visto a un mito de la música en vivo y en directo. Vamos, una de esas cosas que hay que hacer, pero que recordarás mejor de lo que realmente fue. Y si además te pones a pensar que es una sala con butacas y al llegar al teatro ves la marquesina gigante anunciando a Los Morancos… Vamos, que te pones a rezar a los dioses del R&B, si es que alguien gasta de eso.

Gran error. ¡Bendito error! Solo salir ves que el tío va en serio. Llena el espacio y domina el entorno. Tiene algo que no se compra ni se aprende, tiene CARISMA. Así, en mayúsculas. El escenario es suyo, sabe usarlo y no vas a poder escapar. Parece que te mire directo a los ojos y te diga: “¿Cómo has podido dudar? Joder, el Stupidity de Dr. Feelgood no suena así por casualidad, ¿sabes? Llevo muchos más años aquí arriba que tú en el mundo.” Y entonces te pega una patada en el culo y no puedes evitar levantarte y empezar a bailar.

Going Back Home, Back in the Night, She Does It Right, Roxette… Te las sabes de memoria, pero es como escucharlas por primera vez. Los riffs, el ritmo, la energía… Se te ponen los pelos de punta, das saltos de alegría, te pones a bailar (por suerte no de forma expansiva, acabas de olvidar que estás entre filas de butacas). ¿Solo hay tres músicos en el escenario? Imposible pero cierto. La famosa técnica guitarrera de Wilko no es una muestra insulsa de virtuosa habilidad, no. Es magia al servicio del rock’n’roll. Quedarse mirando cómo lo hace es inútil. ¡Escucha, escucha, que te pierdes lo bueno!

Y Wilko Johnson no toca solo, le acompañan dos músicos que no se quedan atrás. El bajista Norman Watt-Roy es todo un veterano que sabe mucho de darle a las cuatro cuerdas, y Dylan Howe, a la batería, maneja la temperatura con las baquetas. Los dos aguantan el empuje cuando Wilko se desmadra y lo provocan cuando parece que baja el ritmo.

Mientras despedían el concierto con Bye, Bye Johnny no me creía que hubiera pasado ya hora y media. Mi reloj decía que sí, pero para mi cuerpo fueron diez minutos. Una Fender Telecaster en manos de Mr. Johnson es, entre muchas otras cosas (una metralleta, un mandoble, un rascador de espalda…) también una Tardis. Lo de este señor con el R&B no es solo oficio, arte y virtuosismo. Es amor a la música. Y se nota. Joder, que hubiera saltado al escenario y le hubiera besado la calva. Si tenéis la oportunidad de verlo en directo NI LO DUDÉIS. Ojalá el dia que me toque jugar la prórroga lo haga con la mitad de energías que Wilko Johnson.

Texto: Héctor G. Quinto @HGQuinto

Foto: Xavi Mercadé @rockviu


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